Mi testimonio con el Programa BioCODEPENDENCIA de Paz del Real es un testimonio de éxito absoluto.
Desde la primera sesión, que es el Estudio Numerológico, ya comencé a conectar con la energía de vida y a dejar de creerme muchas de las mentiras que yo sola me contaba para mantenerme en mi zona de confort, como por ejemplo no experimentar mis propios sentidos y mi faceta aventurera.
Yo entré en el programa, porque sospechaba, pero no recordaba con exactitud, un abuso en mi infancia, por eso pensaba que mi estrategia era huir de la intimidad, pero realmente solo me bastó un rato hablando del tema con Paz para ver que realmente tenía un gemelo perdido, que murió cuando aún estaba conmigo en el útero.
Por lo tanto, en la segunda sesión tratamos mi primera herida de abandono y mi primera herida de abuso, lo que me dejó totalmente segura que mi papel era de adicta y que mi adicción a las personas era porque aún seguía buscando aquel bebé que iba a ser mi gemelo.
A parte de todo esto, mi historia familiar contaba con muchos abusos y muertes infantiles, lo que dejaba en mis hombros la carga de ser la que trajera luz a la familia (me llamo Aurora) y así lo comprendí también en el proceso, dándome permiso para sentirme herida y cargada y empezar a sentir la rabia que llevaba acumulando muchos años en mi cuerpo.
Así fueron pasando los días y mi mejoría iba en aumento. De no hacer nada más en mi día que ver series de Netflix y comer, en tres semanas me transformé en una persona healthy, con hábitos matutinos y nocturnos, que hacía deporte, estudiaba y leía para sentirse mejor consigo misma.
Ese cambio que llevaba buscando tantísimos años al fin llegó, y además llegó gracias a la comprensión de mi misma y mi propio funcionamiento.
Esto fue en aumento, tanto que, en nuestras últimas sesiones, acabé aprendiendo a cambiar mi percepción desde la Lógica Global Convergente, comprendiendo así la metafísica de mi propia existencia.
El acompañamiento de Paz ha sido amable, cariñoso y muy cercano. Me ha ayudado a entender muchas facetas de la realidad, y ahora entiendo el significado de cosas de mi día a día que antes me pasaban desapercibidas.
Ahora son avisos, son alarmas que me van mostrando mi estado interno.
Ha sido un trabajo precioso, que me ha abierto los ojos a la estructura que vive en mi cerebro y a la programación que contiene, me ha dado herramientas para sobrepasar esa programación y que dejase de ser ella la que manejaba mi vida.
Ahora yo sé en qué punto de mi proceso me encuentro y la codependencia ya no me preocupa, porque tengo las herramientas para identificarla y detenerla, y mi cerebro cada vez hace esto con mayor rapidez.
La velocidad de análisis de mi cerebro ha crecido exponencialmente. El proceso de detectar los síntomas me conecta con el dolor que me provoco a mí misma, y con la invalidez lógica de la raíz de esta codependencia.
En resumen, ha sido un proceso de aprendizaje y de expansión de conciencia.
Cada sesión semanal, e incluso rellenar los seguimientos, me han aportado una conexión conmigo misma y con mi propio compromiso.
Yo pensaba que no sabía comprometerme, pero aquí he aprendido que sé comprometerme y que estoy comprometida conmigo misma, pero que hay muchas heridas profundas que deben ser tratadas por alguien que las conozca, y que conozca la realidad de una manera tan profunda y clara como la gran profesional que es Paz.
Ya no tengo el peso en los hombros de hacer las cosas sola, ni de ser perfecta, las expectativas que el sistema tenía sobre mí se han esfumado, porque comprendo el significado de esta vida.
Me siento muy agradecida por la sinceridad de Paz en todo momento y por no sostener mis engaños mentales. Ella siempre ha ido a la raíz, y me ha hecho ver, con compasión, que yo podía enfrentarme a todo.
Incluso a aquellas cosas que llevaba una vida entera pensando que no tenían solución, que siempre me sobrepasarían.
Ahora yo sobrepaso a los problemas y vivo mi vida, sin ataduras al sistema familiar que me hagan daño, convirtiendo el miedo en amor y el pasado en combustible.
Respetándome cada día más, como el ser sagrado que soy. ¡Gracias, Paz!