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Feminismo y Biología

 

Hoy traigo un tema controvertido: ¿son opuestos Feminismo y Biología?

Desde la psicosomática clínica, las uñas son el vestigio de nuestras garras y simbolizan las “armas” para atacar y defendernos. Cuando te pones uñas de felino, es porque a nivel inconsciente te sientes en la necesidad de mostrar tus defensas. ¿Estamos hablando de feminismo?

Cuando te muerdes las uñas hasta que casi desaparecen, te estás impidiendo mostrar y utilizar tu agresividad, tu capacidad innata para defenderte. Aunque esa agresividad no se va a ninguna parte, sino que la empleas contra ti, mordiendo y destruyendo tus armas defensivas. Es como una auto-castración de los instintos básicos de defensa y ataque.

 

¿Para qué mostrarlas?

Biologicamente, las garras tienen el objetivo de ser vistas para crearnos seguridad y protección.

Son muy útiles porque sirven para atrapar, sujetar y desgarrar y también para marcar el territorio, arañando en la corteza de los árboles y horadando el terreno. Con las garras podemos atacar y defendernos de los ataques, sin ellas no hubiéramos podido sobrevivir.

Es muy fácil observar que esta generación de jovencisimas mujeres, a pesar de no haber sufrido demasiado en sus carnes el machismo, sienten el impulso de sacar uñas y mostrarse agresivas, pues ni más ni menos están reparando las injurias y el machismo de la generación de sus abuelas. Esas abuelas que han sido en gran parte mujeres sumisas y carentes de realización personal, más allá de cumplir el rol de esposas y madres.

 

Las uñas de felino y el micromachismo

Es muy evidente la agresividad que se expresa en sus bailes y en los estilismos, ofreciendo lo que puede interpretarse como fuerza, que es es un aspecto YANG, es decir, masculino o emisor. El aspecto femenino sin embargo es YIN,  por favor no confundir con pasividad y sumisión, se trata del principio receptor.

A nivel global, estamos ante una expresión de fuerza por parte de las mujeres, empeñados otra vez en que las mujeres pueden y saben hacer LO MISMO QUE LOS HOMBRES, cuando en realidad no fuimos creadas para hacer lo mismo, sino lo que nos es propio.

En los 70, el feminismo luchó por igualar los derechos de las mujeres a los de los hombres, haciendo lo que hacían los hombres, en un modelo construido desde un gran ERROR y esa resonancia vuelve con fuerza en la segunda década del 2000.

En realidad, esto no sería necesario repetirlo ahora si hubiéramos aprendido bien la lección, porque este impulso parte de la auto-desvalorización que las mujeres sienten y se hacen a sí mismas, polarizando en sentido opuesto, o sea auto-revalorizándose en extremo.

Piénsalo: si tú no pensaras que vales poco, no tendrías la necesidad de compensarlo exhibiendo las garras con una actitud de gallo de pelea (otra vez copiando el modelo machista masculino del pasado). 

 

¿Es esto un micromachismo?

El gallo de pelea es masculino por su propia definición, es su rol. Las mujeres no somos gallinas, pero tampoco somos gallos.

La nueva humanidad ha de crearse eliminando gallos, es decir… el peso de este cambio no está en las mujeres sino en los hombres, pues ellos son los que han de cambiar su percepción, observando a las mujeres no como un híbrido, sino como un ser completo que no le va a intentar arañar, pisar o castrar.

Créeme si te digo que veo en consulta a hombres impotentes por la castración de sus mujeres (o de los árboles de sus mujeres) a mujeres que demandan más de sus maridos, pero no se dan cuenta de que los están eclipsando.

¿Que las mujeres damos miedo? Puede ser, porque ese feminismo que nos inocularon y ahora está rebrotando, más bien deberían habérselo inoculado a los hombres porque, al bajar el “gallísmo” hubiéramos podido evolucionar nosotras, sin necesidad de mutar hacia la cresta y las garras.

Por otro lado, tenemos la polaridad del “reguetón” que pone de nuevo a la mujer en el lugar de donde salió: la caverna…. objetivo del gallito de corral con la cachiporra en la mano y arrastrándola de los pelos.

Entonces…¿qué les espera a las próximas generaciones?….evolucionamos observando polaridades e integrándolas.

 

 


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