Testimonios – La Incorporación Emocional en los Adultos

Hoy comparto el testimonio de una amiga y cliente habitual. La pasada semana me llamó con urgencia porque se sentía mal, emocionalmente caótica y con muchos miedos (sin razón aparente). La incorporación emocional en adultos es una de mis aproximaciones y herramientas favoritas, por su rapidez y efectividad.
Cuando ya conozco bien a la persona, me es mucho más fácil «hacer diana a la primera» y así fue en esta ocasión.
Hoy comparto su generoso testimonio. Quizá puedas sentirte reflejado, pues nuestro subconsciente «guarda todos los datos».

¿Qué es la Incorporación Emocional?

La Incorporación Emocional es un fenómeno habitual que todos hemos sufrido alguna vez. Ya la vimos también en el caso que puedes leer aquí: Testimonios – Falso Diagnóstico de TDAH (Trastorno por Déficit de Atención)

La incorporación emocional es como una indigestión. Se trata de un fenómeno que, por definición, transpone una absorción de emociones o congestión psíquica en un síntoma orgánico, físico, comportamental o psiquiátrico.

Los niños, al igual que las mascotas, son los elementos más flexibles en un sistema familiar, por lo que pueden incorporar muchas de las emociones enquistadas, conflictos y circunstancias familiares, que dan lugar a una somatización física o emocional.

Algunos años después, con perfección matemática, estos episodios congelados se reviven, para ser atendidos.

Si tienes la necesidad de tratar este síntoma, estoy aquí para ayudarte, como hice con este caso, y con muchos otros.

 

El Testimonio de María

“Hace ya años que Paz y yo nos conocemos, han sido muchas sesiones, muchos cambios en mi vida y, como siempre, acudo a ella cuando lo necesito. Esta vez tenía una angustia muy muy acusada, estaba agobiadísima, a un nivel vital y como siempre no entendía el por qué.

Cuando empezamos a mirar el árbol, lo primero que vimos es que estaba en síndrome de aniversario, en tres días sería el cumpleaños de mi abuelo fallecido, algo que fue duro en la familia.

Sinceramente, pensé que por ahí irían los tiros, pero Paz no iba por ahí.

Al preguntarme qué me paso con 9 años, me sorprendí mucho porque yo no recordaba nada importante. Al comprobar mi cronología, ahí estaba: nos tuvimos que mudar de casa, todo normal.

Cuando Paz me preguntó ¿“por qué”?

Esa pregunta fue como una flecha directa, me puse a llorar de inmediato.

La casera quería vender la casa y mis padres en ese momento no la podían comprar, así que nos fuimos a vivir con mis abuelos. No sería muy agradable, claudicar y depender de la ayuda de mis abuelos.

Mis padres no pudieron comprar la casa, no tenían dinero… yo era una niña y no recordaba esa sensación tan fuerte dentro de mí, pero al recordarlo me inundó la pena y el miedo.

Como bien me dijo Paz, yo sí que me he comprado mi casa en este año. No había nada que temer, ya está resuelto, lo he visto y suelto…

Ahí no quedó la cosa, para comprobar, continuamos con la sesión.

Yo ahora tengo 36 años, y la siguiente pregunta también fue certera: ¿Qué le paso a tu padre con 36 años? Mi padre sufre Enfermedad de Crohn y justo a los 36 tuvo que ser intervenido, a vida o muerte… todo un ciclo de angustia y temor que yo ahora estaba ahora reviviendo.

Me acuerdo perfectamente de la primera vez que le vi, después de salir de la UCI… fue la primera vez que temí a la muerte, a la de mi propio padre.

Eso también paso, mi padre no murió y ya todo está bien, dentro de que la enfermedad sigue ahí.

La siguiente pregunta: ¿Qué le pasó a tu madre con 36 años? No recordaba nada grave, sé que quiso volver a ser madre y que no pudo debido a una alteración de la hormona prolactina.

En principio no recordaba nada más, pero luego vi que, en esa edad, mi madre tuvo que hacerse cargo de su hermano, quien sufría de esquizofrénia, y eso es algo que arrastra desde entonces, y de por vida. ¿En realidad fue madre-cuidadora?

Paz me recomendó poner un altar con mis padres y decirles, mirad, no pasa nada, yo compré la casa, eso está superado.

Pero, esto de la experiencia, hace que te tomes las cosas de otra forma y, al día siguiente, cuando les vi, se lo dije a ellos directamente.

Les dije que estaba pasando por ese ciclo, recordamos lo bien que lo habíamos pasado en aquella casa, se lo contamos a mis hijas…  yo tenía un patio donde jugaba con mis amiguitos, al igual que hacen ahora mis hijas, por no decir que mi casa nueva está al lado de aquella casa familiar que tuvimos que abandonar.

Ya no hay que repetir más este episodio, ni sentir la ruina cerca.

¡Gracias por todo Paz! En cada sesión sigo “flipando” al observar cómo todo es tan perfecto.”

 


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Paz del Real